Resiliencia.

Por: Alberto Alcalá Aceves | marzo 20, 2014 | 0 Comentarios;

Llego a hacer mi servicio social al aula hospitalaria de la UMAE. Estoy muy contento de que juntos lograremos un servicio social que ayudará a mejorar la situación hospitalaria y también nos beneficiará mucho como proyecto.

Conozco a una niña muy divertida y a su papá. Jugamos durante mucho tiempo; los tres nos divertimos mucho y estuvimos platicando sobre cómo es estar en el hospital. En cuatro años que Susana había tenido tratamiento, siempre fue de lunes a jueves una vez por mes. Es por esto que no la conocimos en Caza Sonrisas. A ella le gusta mucho hacer su tarea y los juegos de mesa; habla mucho, es muy alegre y se lleva muy bien con su papá. A don José (su papá), no le gusta estar en el hospital, pues dice que es muy pesado y constantemente le trae problemas en el trabajo.

Trabajé la inteligencia emocional con los dos. Me hubiese gustado haber hablado a más profundidad sobre este tema e involucrar más al papá en la plática. Sentí empatía por ambos, de igual manera que me llamaban mucho la atención; pues Susana reflejaba mucha alegría. Creo que un factor que influyó mucho fue mi iniciativa por tratarlos y socializar.

Cuando llegaba el momento de irme, Susana me comentó que le dolía mucho su muela. Le dije fuera con el dentista cuando le dieran de alta para que le checara si tenía caries o algo así. Ella asintió y nos despedimos. Creo que pude haber preguntado a los doctores si le podrían revisar la muela o los efectos de las drogas que le daban, para ver si no influían en aquel dolor. Sentí que Susana me tenía mucha confianza.

Se va don José, muy triste a pedir una carta a la doctora Puga (la encargada del piso) para justificar sus ausencias en el trabajo. Sucede que no ha podido asistir porque Susana ya está muy grave. Ha vivido cuatro semanas de las tres a seis que le habían dado de vida. Siente en un dolor muy grande cuando no está sedada. Acompañé a don José a hacer todos sus trámites y platiqué mucho con él, sobre toda la situación, de cómo me cae Susana, de lo mucho que me divertí con ellos jugando “Uno” y de la bonita familia que me parecen. Él me estuvo comentando de lo difícil que es saber que su única hija está a punto de morir y que su esposa está muy hundida en el dolor. Al final me agradeció por haber platicado con él. Todo el tiempo sentí una enorme presión sobre mi pecho y en muchas ocasiones estuve a punto de llorar. Es evidente que tuve una cercanía emocional con el caso. Sin embargo, en algunas situaciones solo podemos brindar apoyo para cualquier momento difícil y demostrar el compromiso que tenemos con las personas y con el proyecto. No sé qué sucedió después de eso. Le dejé mi número para que me llamara por cualquier cosa. No me ha llamado y ya pasó mucho tiempo. Espero que Susana ya no esté sufriendo y se encuentre mucho mejor.

20/03/14

Ken Eduardo Ávila Roura

Coordinador de hospital

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