Impacto en los Niños

Por: Admon | febrero 2, 2013 | 0 Comentarios;

¿Qué queremos lograr con los niños hospitalizados?

La iniciativa tiene como objetivo disminuir el impacto negativo de la hospitalización y proporcionar estrategias de regulación emocional a los infantes que se encuentren internados en los nosocomios de la ciudad de Mérida Yucatán.

¿Porqué?

El hospital es uno de los lugares más singulares que uno puede conocer, ahí las cosas son diferentes a como las acostumbramos ver: no hay bullicio, normalmente se vive un silencio imponente, las paredes grises y limpias ayudan a mantener esa imagen de sobriedad, todo está ordenado y la gente viste de blanco. Cuando pasas junto a una habitación no es común ver caras alegres, además con frecuencia hay acompañantes adormecidos, entumidos por el cansancio, enfermos convalecientes en camas incómodas y personas que suelen estar en silencio.

La homogeneidad del hospital es sorprendente, incluso el área de pediatría suele ser de esta manera; basta reflexionar un poco para caer en cuenta de lo extraño que esto puede ser para un niño, quien suele estar acostumbrado al bullicio, el movimiento y los juegos. Pasar unos días ahí parece más un castigo que una muestra de afecto.

La hospitalización en la vida de un niño es un acontecimiento estresante en sí mismo, ya que implica muchas situaciones desconocidas como: el rompimiento con la rutina de la casa; estudios médicos dolorosos; alejamiento del ambiente familiar y escolar; pérdida de contacto con sus redes sociales, como sus amigos y amigas. En ocasiones el personal sanitario se limita a la realización de sus labores y pueden olvidarse que se trabaja con niños que enfrentan una situación especial.

La hospitalización es considerada como un acontecimiento poco frecuente entre la mayoría de los infantes, sin embargo, aquellos que tuvieron esta experiencia, suelen recordarla con bastante desagrado, en muchos casos, las reacciones psicológicas y emocionales adversas se mantienen incluso cuando el niño ya ha regresado a su casa, es frecuente ver niños que muestran un apego inseguro, alteraciones emocionales cuando escuchan hablar de hospitales, pesadillas, llantos repentinos y sin causa aparente y hasta crisis agudas de ansiedad (Rodríguez y Pardos, 2000).

Guzmán y Torres (2006) afirman que el niño hospitalizado manifiesta con frecuencia un desequilibrio biopsicológico que lo hace vulnerable a los estresores, porque sus capacidades de adaptación, que se traducen en la habilidad de afrontar y acomodarse a situaciones estresantes o adversas se encuentran minimizadas o ausentes.

Ezpeleta (2005) señala que la mayoría de los niños que pasan por la experiencia de una hospitalización “sencilla” son capaces de afrontarla sin efectos a largo plazo en su conducta, sin embargo, los niños que han tenido experiencias desagradables con profesionales de la salud y los que han sido afectados por una enfermedad crónica o algún accidente grave, pueden afrontar la situación con dificultad y requerir atención especial, pues como afirman Guzmán y Torres (2006) las experiencias traumáticas impactan en la percepción de bienestar y en cómo los niños construyen su realidad dentro del hospital, lo que afecta los recursos adaptativos del niño y entorpece su habilidad para lidiar con la situación.

Quinton y Rutter (2008) realizaron un estudio en el que confirmaron como las admisiones hospitalarias repetidas están asociadas significativamente con alteraciones posteriores en la infancia, las cuales son en su mayoría de tipo emotivo y conductual, así mismo, este mismo estudio refiere que estas alteraciones son más marcadas en los casos de niños que provienen de hogares con desventajas socioeconómicas.

Bajo estas circunstancias, el pequeño está en crisis; es decir, muestra un estado temporal de trastorno y desorganización que le produce la incapacidad para resolver situaciones particulares con éxito. Guzmán y Torres (2006) aseveran que se requiere trabajar sobre el sostenimiento y la mejora de la calidad de vida, el manejo integral de la enfermedad, el acompañamiento psicológico del niño y su familia para recuperar las funciones biológicas, emocionales y sociales.

¿Qué hemos logrado?

Para el ciclo 2009-2010 y 2010-2011 hemos logrado 273 sesiones de intervención, 884 niños atendidos y 32 facilitadores entrenados en el uso de nuestra metodología. Del total de intervenciones realizadas, el 52% de los padres realizaron comentarios positivos y de agradecimiento por la intervención. Por otra parte, del total de niños, el 57% han permitido que se les muestre como ejercitar habilidades de Inteligencia Emocional, de estos, el 67% de estos explica como funcionan las estrategias de regulación de emociones, el 65% de los niños realiza correctamente el ejercicio de regulación emocional y el 63% de los niños declaro que usara la estrategia dentro del hospital. Por otra parte, hemos identificado las estrategias que se correlación de forma estadísticamente significativa con el éxito de una intervención; los instrumentos de regulación emocional (Sig. 0.001) y los recursos verbales que incluyen a los cuentos o toda forma de diálogo con el niño (Sig. 0.001).

En el ciclo 2011-2012 hemos logrado encontrar evidencia de que nuestro trabajo logra un efecto positivo en la adaptación infantil. Evaluamos 56 casos de atención y encontramos que el juego simple y sin ningún propósito es una estrategia de intervención en la que los niveles de afecto negativo y positivo se mantienen iguales al comparar el estado inicial con el final. Mientras que nuestro esquema de Intervención basado en Inteligencia Emocional logra un decremento significativo del afecto negativo y un aumento del afecto positivo en los niños

¿Qué hacemos?

Hemos desarrollado un taller que agrupa los conocimientos generados dentro de diversas ramas científicas como: las neurociencias, la ciencia cognitiva y la psicología, las cuales han generado evidencia en la existencia de una Inteligencia Emocional (I.E.) y su posibilidad de desarrollo.

Todos estos conocimientos han sido aterrizados al plano práctico con el uso de diversas herramientas artísticas, como el uso creativo para la elaboración de personajes, la narración de historias y la elaboración de esculturas sencillas.

La estructura del taller rompe con la clásica forma de desarrollar habilidades en diferentes sesiones encadenadas para poder alcanzar el objetivo planteado. La razón para proponer otra estructura del taller, es que la asistencia de los infantes al centro de atención, aunque es reiterativa, no tiene una periodicidad fija, por lo tanto es imposible diseñar un taller con una estructura cerrada, en donde se proponga el desarrollo de habilidades en un número de sesiones fijas y correlativas. Ante esta situación, la propuesta es promover el desarrollo de las cuatro habilidades que conforman la Inteligencia Emocional en una misma sesión.

Cada una de nuestras sesiones con los niños consta de al menos tres elementos claves: El ejercicio de la identificación y expresión de emocionas a través de nuestra técnica del Muñeco Plano Imantado (MPI), Se trabaja la comprensión y el conocimiento emocional a con nuestros cuentos especialmente diseñados para el contexto hospitalario y se enseñan a regular las emociones con nuestra actividad de instrumento emocional. A continuación se describirán más ampliamente cada uno de estos.

El MPI

Este material didáctico cosiste en placas de imán que tienen estampada la figura humana, tanto de niño como de niña, cuyo rostro se encuentra en blanco para poder ser llenado con expresiones faciales, además pueden ser vestidos de diversas maneras, creando un personaje a quien el niño diseña la personalidad.

Los Cuentos

Tenemos 9 cuentos predefinidos, todos comparten una estructura común y funcionan como metáfora de la experiencia del niño dentro del hospital.

Como se ha señalado a lo largo del documento, los niños hospitalizados son arrebatados de su cotidianidad e insertados en un ambiente desconocido, raro, hostil y tremendamente estresante para alguien de su edad.

El Instrumento Emocional

Es un juguetes didáctico personalizado que se elaboran en conjunto con el niño (mayormente realizados a partir de cajas, botellas y cartulina) y que puede ser replicado por el mismo las veces desee.

Usamos esta técnica para enseñar los principios y habilidades de Inteligencia Emocional de manera visual y entretenida, especialmente la regulación de emociones. Este juguete actúa semejante a un proceso meditativo, en primer lugar permiten al niño concentrarse y relajarse, a continuación ellos seleccionan recuerdos agradables y los materializan a través de dibujos o símbolos que colocan en el juguete, de tal forma que al seguir una serie de pasos pueden recuperar dichos recuerdos que estimulan y facilitan las emociones agradables.

Estos instrumentos se valen del proceso de externalización de las emociones para poder manipularlas, es decir, hacerlas concretas y solidas, de modo que uno pueda trabajar sobre ellas. Nuestros instrumentos siempre se activan con un ritual, el cual es en realidad una activación cognitiva que permite al niño hacer contacto con los pensamientos que desencadenan los sentimientos deseados.

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