Dibujos Emocionales.

Por: Alberto Alcalá Aceves | agosto 2, 2014 | 0 Comentarios;

Llegamos al hospital, directo a la escuelita, en donde se encontraba un niño, el cual se veía muy motivado para participar. Nuestro coordinador se dirigió a nosotros para comunicarnos que niños querían jugar. Elegí estar con la niña que se encontraba en el primer pabellón. Entré y me presenté, platicamos acerca de las cosas que le gustan, después le pregunté qué le gustaría hacer, a lo que respondió que no sabía. Le propuse hacer un “Cazasonrisas”, (Este sería mi primer “Cazasonrisas”), me sentí muy emocionada ya que aceptó.
Fui por los materiales que necesitábamos, al regresar observé a una niña que se encontraba en la cama siguiente, la cual también quería dibujar. El coordinador trabajó con ella, pero como había muchos niños se encontraba en otro pabellón con alguien más. Por lo que me ofrecí a trabajar con ella también y el coordinador aceptó. Le llevé materiales pero la dejé un momento ya que la niña con la que trabajaba al principio era un tanto demandante. Mientras adornábamos la botella con lo que a ella le gustaba, me iba turnando para ir a ver cómo iba la otra niña con su dibujo y también ayudarla. Terminamos el “Cazasonrisas” y le expliqué cómo funcionaba, la niña se emocionó mucho con la botella. Me dijo que quería descansar así que me despedí.
Regresé con la primera niña para terminar el “Cazasonrisas”, pero me sentía un poco rara al no haber pasado tanto tiempo con ella. Decidí enseñarle la inteligencia emocional y le pregunté si conocía las emociones, respondió que no. Le expliqué en qué consistía e hice caras de las emociones con mi rostro, para saber si las podía reconocer y me di cuenta que confundía muchas y no sabía el nombre de todas. Se me ocurrió hacer una pequeña dinámica. Fui por hojas de colores y palitos de madera para proponerle un juego que consistía en que por cada emoción que adivinara se iba a ganar una hoja de color y después haríamos una manualidad. Aceptó y comenzamos a jugar, me percaté que se le dificultaba mucho reconocer la moción de tristeza; al final le di todas las hojas y juntas le dibujamos caritas que representaban cada una de las seis emociones básicas, las recortamos y les pusimos un palito en la parte de atrás. Al terminar, seguimos jugando a adivinar emociones. Mientras tanto el niño que estaba en la cama de enfrente le llamó la atención lo que estábamos haciendo. Me percaté de que con él ya había trabajado otra de mi compañera y era un niño con síndrome de Down. Había escuchado que tenía un ligero retraso cognitivo, me acerqué y decidí estar en medio del pasillo para que ambos niños pudieran jugar. El niño con síndrome de Down pudo reconocer unas emociones y otras se le dificultaron, pero se las expliqué. Como el tiempo de la intervención se terminaba, me despedí y me acerqué a la niña con la que estaba trabajando. Cuando le pregunté, ¿qué fue lo que aprendió? Ella contestó: -Las emociones-, las mencionó y fue cuando me di cuenta de que las había comprendido. Se quedó muy contenta con las caritas que hicimos y me dijo que iba a jugar con sus hermanitos cuando llegara a su casa

02/08/2014

Elizabeth Chávez.

Facilitadora

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