Algo inesperado

Por: Admon | marzo 6, 2013 | 0 Comentarios;

Leidy nos comparte una experiencia de intervención.

 

Les quiero compartir una experiencia muy bonita y especial que me ha pasado en el hospital O’Horán. Este día me tocó trabajar con una niña de 13 años, todo marchaba como cada día de intervención, de pronto al irme interactuando mas con ella e ir conociendo su historia de vida algo en mi fue cambiando, nunca antes en mi “trayectoria” como voluntaria me había sucedido, siempre trataba de ir, cumplir con mi trabajo, hacer las cosas con el corazón y en equipo, en ninguna ocasión me había afectado alguna situación emocionalmente; pero en ésta creo que fue una lección de vida muy importante para mí y me gustaría platicarla:

Esta niña ha perdido a su madre y su padre no esta tan involucrado con su enfermedad como se esperaría. Tiene una hermana menor y un hermano mayor el cual es un adolescente y está en una escuela donde únicamente puede salir los fines de semana. Esta niña está internada por problemas del riñón, su estancia en el hospital ha sido por meses, literalmente vive ahí desde hace ya un tiempo considerable, lejos de sus hermanos que no ha podido ver, el único familiar cercano a ella es su abuela a la cual llama “mami”. Cuenta con la atención adecuada del personal de salud, la que le brindan a cualquier paciente más como medicamento al igual que cubren sus necesidades fisiológicas necesarias. Pero ¿dónde queda las necesidades de seguridad y estima?, como aceptar que esto le esté pasando, que tenga que frenar su vida cuando apenas está por comenzar y sobre todo perder aquel ambiente que conocía y le daba confianza al sentirse protegida y querida por sus familiares, cambiándolo todo por una cama incómoda, una comida insípida, el dolor e incomodidad que le causa traer una sonda y personas con batas que hacen su trabajo sin mostrar ningún gesto de cariño.

Actualmente esta niña al paso de los meses experimenta un sentimiento de enojo, desesperación, cerrada completamente a cualquier muestra de afecto que pudieran darle, para ella no existe una esperanza, días bonitos o cosas que pudieran hacerla feliz, todos los días son iguales, sola en un cuarto, sin nadie con quien platicar y ver pasar a la gente frente a su cuarto sin detenerse a preguntar ¿cómo amaneciste?, ¿cómo te sientes? Enojada con la vida, llena de coraje por su situación, momentos de gran depresión, dolores físicos inexplicables, no contar con una familia al 100% la ha llevado a optar por un antídoto contra el dolor y sufrimiento que la perdida con lleva, es decir el no involucrarse con nada ni con nadie, ya que de éste modo tendrá un corazón el cual no asumirá porque o por quien sufrir.

Esta ha sido su postura cuando la conocí y comencé a trabajar con ella se portaba indiferente, con nada la hacías feliz, todo le daba igual, le platicabas y te respondía molesta, le decías que color le agradaba y decía no saber, nada la motivaba, realizamos una actividad llamada “súper gorro” y le gustó, incluso conforme le fui enseñando a elaborarlo logré cambiarle un poquito esa expresión tan dura que se le veía en la cara. Había momentos donde se notaba un poco cansada y le preguntaba si quería continuar con la actividad y me decía que sí, solo iba a descansar un poquito , mientras tanto trataba de sonreírle todo el tiempo, diciéndole palabras motivantes en todo momento, hacerle sentir que tiene una amiga que se interesa por lo que le está pasando. También logré que al menos tuviera en ocasiones expresiones de felicidad en la cara; se que falta mucho trabajo que hacer con ella psicológicamente hablando, pero el saber que al menos en dos horas pude lograr un pequeño cambio en ella me hace sentir muy feliz.

Muchachos nosotros con nuestro trabajo les devolvemos esa ilusión de vida, esa motivación para luchar contra todo, para volver a estar bien, sin darnos cuenta los sacamos de ese mundo tan cerrado y gris en el que se encuentran, sin nuestro granito de ayuda solamente les queda que aislarse y hundirse en la desesperación y depresión.

Pero nosotros con una sonrisa y haciendo nuestro trabajo con el corazón los ayudamos a tener fe, esperanza, optimismo en ellos mismos, a enfrentar todas las adversidades que pudieran presentárseles. A través de la práctica de la inteligencia emocional se les puede dar esa fuerza necesaria que necesitan que además se encuentra en el instrumento que elaboramos, para su pronta recuperación ya que de él se desprende una energía especial.

El consejo que podría dejarles con todo esto que viví, es que disfruten al máximo todo aquello que la vida nos ofrece porque no se sabe cuando estaremos del otro lado de la moneda, al igual que la mejor manera de enfrentar la adversidad es junto a una mano amiga sea quien sea pero que este contigo de corazón, ya que una sonrisa sincera y una palabra de entusiasmo es muy difícil de encontrar en este caminar de la vida.

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